viernes, 31 de diciembre de 2010

"Los mejores del 2010"


1) “La última noche en Twisted River”; John Irving.

2) “El fin del mundo y un despiadado país de las maravillas”; Haruki Murakami.

3) “El pasado”; Alan Pauls.

4) “Los premios”; Julio Cortázar.

5) “Postales de invierno”; Ann Beattie.

6) “Verano”; J. M. Coetzee.

7) “Una vez Argentina”; Andrés Neuman.

8) “Los pichiciegos”; Fogwill.

9) “Hay quien no”; Ford Madox Ford.

10)

El mejor del año, indiscutiblemente, es el de John Irving. Los puestos 2 y 3 son intercambiables. Del 4 al 9, también. Y el 10 está vacío porque creo que si pongo uno dejo fuera a otros que también se lo merecen, así que dejo fuera a todos y se acabó. Me doy cuenta de que hay cuatro argentinos, curioso. El resto de los "premiados" escriben en inglés, excepto Murakami. Curioso, también.

"Postales de invierno" ha sido una relectura. La primera vez que lo leí no me dijo mucho. Pero esta segunda vez ha sido genial.

Había pensado hacer una lista más: aquellos autores que he leído por primera vez este año y que me han gustado lo suficiente como para querer seguir leyéndolos. Pero me he cansado de tanta lista. Me he aburrido. No habrá más listas, durante un tiempo.

miércoles, 29 de diciembre de 2010

"Los mejores del 2008"


-“Hermosos y malditos”; Francis Scott Fitzgerald.

-“Las noches de Flores”; César Aira.

-“Los detectives salvajes”; Roberto Bolaño (relectura).

-“La grande”; Juan José Saer.

-“Concierto del No Mundo”; A. G. Porta.

-“Las diez y media de una noche de verano”; Marguerite Duras.

-“La vida ante sí”; Roman Gary.

-“Léxico familiar”; Natalia Ginzburg.

-“Chesil Beach”; Ian McEwan.

-“1984”; George Orwell.

-“La información”; Martin Amis (relectura).

-“La broma”; Milan Kundera.

-“La inmortalidad”; Milan Kundera (relectura).

-“Libra”; Don DeLillo.

-“El jardín de los Finzi-Contini”; Giorgio Basanni.

-“La maravillosa vida breve de Óscar Wao”; Junot Díaz.

-“La romana”; Alberto Moravia.

-“El mal de Montano”; Enrique Vila-Matas (relectura).

-“Aflicción”; Russell Banks.

-“Leviatán”; Paul Auster (relectura).

-“El vuelo de Ícaro”; Raymond Queneau.

-“Los emigrados”; W. G. Sebald.

-“La hija del sepulturero”; Joyce Carol Oates.

-“La novela luminosa”; Mario Levrero.

-“La casa verde”; Mario Vargas Llosa.

-“La oscura historia de la prima Montse”; Juan Marsé.

-“Llámame Brooklyn”; Eduardo Lago.

-“Me casé con un comunista”; Philip Roth.

"Le pondré título cuando se me ocurra uno"

Hace unos momentos estaba con mi padre, mi sobrino el mayor, y mi sobrino el pequeño en la sala. Mi sobrino el pequeño estaba jugando a la Playstation, en el suelo. Mi padre y mi sobrino el mayor y yo estábamos en el sofá. Mi sobrino el mayor jugando con la DS. Mi padre y yo, mirando a nuestros nietos y sobrinos. Entonces, el pequeño se ha puesto a revolver en los cajones de debajo de la televisión buscando otro juego que poner en la videoconsola. Ha encontrado un sobre con fotos viejas. Nos las ha traído. Las bodas de plata de mis padres, hace..., en 1989, veintiún años. Qué barbaridad, qué jóvenes estaban, mis padres. Unos críos, casi.

Agosto de 1994, creo. Mi hermana, mis padres y yo, hemos ido a pasar unos días de vacaciones al pueblo. A mitad de mes, mis padres nos llevan a mi hermana y a mí a la estación de la capital. Nosotros, los hijos, regresamos antes de tiempo a nuestra ciudad. Ya somos mayores. Nos estamos haciendo mayores, los hijos, también nuestros padres.

Nunca hemos llorado tanto como aquella mañana, en el andén de la estación. Parecía que era el principio del fin. Los hijos mayores que se van, los padres viejos que se quedan.

Creo que así lo pensé, entonces. El principio del fin. Algo termina.

Y sin embargo, han pasado ya dieciséis años. Nada ha terminado. Aquello fue un principio, simplemente. Nada de final. Empezó algo nuevo.

¡Tantas cosas nos han sucedido desde entonces!

¡Tanto hemos vivido!

martes, 28 de diciembre de 2010

"Los mejores del 2007"


-“La higuera”; Ramiro Pinilla.

-“2666”; Roberto Bolaño.

-“Cambio de guardia”; Julio Ramón Ribeyro.

-“No es país para viejos”; Cormac McCarthy.

-“El coronel no tiene quien le escriba”; Gabriel García Márquez.

-“Bajo el volcán”; Malcolm Lowry.

-“Carpe diem”; Saul Bellow.

-“Frankie y la boda”; Carson McCullers.

-“El mercader de alfombras”; Philip Lopate.

-“Sobre la belleza”; Zadie Smith.

-“Campos de Londres”; Martin Amis.

-“El animal moribundo”; Philip Roth.

-“Siete mares, trece ríos”; Monica Ali.

-“Hoy, Júpiter”; Luis Landero.

-“Ahora es el momento”; Tom Spanbauer.

-“Desayuno en Tiffany’s”; Truman Capote.

-“Un día volveré”; Juan Marsé.

-“La decisión de Sophie”; William Styron.

-“La suerte de Jim”; Kingsley Amis.

-“Tala”; Thomas Bernhard.

-“Abril quebrado”; Ismaíl Kadaré.

-“La vida instrucciones de uso”; Georges Perec.

-“La defensa”; Vladimir Nabokov.

-“Todo cuanto amé”; Siri Hustvedt.

-“Tu rostro mañana” (las tres partes); Javier Marías.

-“El dependiente”; Bernard Malamud.

-“Parejas”; John Updike.

-“Mi vida como hombre”; Philip Roth.

-“El amante de lady Chatterley”; D. H. Lawrence.

-“Regreso a Howard’s End”; E. M. Forster.

-“Washington Square”; Henry James.

-“Cuando ella era buena”; Philip Roth.

lunes, 27 de diciembre de 2010

"Apéndice a los mejores del 2006"

Si tuviera que elegir 10 de la lista de 2006, serían:

1) "La contravida"
2) "Doctor Pasavento"
3) "El proceso"
4) "La pianista"
5) "El desierto de los tártaros"
6) "Perro callejero"
7) "El lobo estepario"
8) "La canción de Salomón"
9) "Bartleby y compañía"
10) "Primera luz"

"Los mejores del 2006"

Me he vuelto a pasar varios pueblos... (tendría que ser más selectivo):

-“Tan fuerte, tan cerca”; Jonathan Safran Foer.

-“Perro callejero”; Martin Amis.

-“Expiación”; Ian McEwan.

-“Pájaros de América”; Lorrie Moore.

-“Hombre lento”; J. M. Coetzee.

-“Primera luz”; Charles Baxter.

-“Las horas”; Michael Cunningham.

-“La mancha humana”; Philip Roth.

-“El lobo estepario”; Hermann Hesse.

-“El corazón es un cazador solitario”; Carson McCullers.

-“Mientras agonizo”; William Faulkner.

-“No soy Stiller”; Max Frisch.

-“El corazón de las tinieblas”; Joseph Conrad.

-“La vida breve”; Juan Carlos Onetti.

-“Otras voces, otros ámbitos”; Truman Capote.

-“Respiración artificial”; Ricardo Piglia.

-“Bartleby y compañía”; Enrique Vila-Matas.

-“Nocturno de Chile”; Roberto Bolaño.

-“Doctor Pasavento”; Enrique Vila-Matas.

-“El desierto de los tártaros”; Dino Buzzati.

-“La larga marcha”; Rafael Chirbes.

-“La canción de Salomón”; Toni Morrison.

-“Un puñado de polvo”; Evelyn Waugh.

-“La pianista”; Elfriede Jelinek.

-“El proceso”; Franz Kafka.

-“Mao II”; Don DeLillo.

-“El desprecio”; Alberto Moravia.

-“El ángel literario”; Eduardo Halfón.

-“Corre, Conejo”; John Updike.

-“El callejón de los milagros”; Naghib Mahfuz.

-“La contravida”; Philip Roth.

-“Las correcciones”; Jonathan Franzen.

-“Redención”; Henry Roth.

viernes, 24 de diciembre de 2010

"Se escaqueó de su propio funeral"

No pienso ir a mi propio funeral.

No tendría sentido que lo hiciera. Toda la vida intentado escaquearme (no siempre con éxito, desgraciadamente) de todas las reuniones y compromisos, familiares o sociales, no puedo dejar de ser coherente conmigo mismo ni con los demás, por lo que:

Yo a mi funeral no voy.

(Será un peñazo, lo estoy viendo).

Podéis llorarme, pero no me llaméis. Cabrones.

"Los mejores del 2005"

Ya puestos...

-“Chicos prodigiosos”; Michael Chabon.

-“El desencantado”; Budd Schulberg.

-“El Palacio de La Luna”; Paul Auster.

-“El puente desafinado”; Harkaitz Cano.

-“La velocidad de la luz”; Javier Cercas.

-“La conjura de los necios”; John Kennedy Toole.

-“París no se acaba nunca”; Enrique Vila-Matas.

-“París era una fiesta”; Ernest Hemingway.

-“La vida exagerada de Martín Romaña”; Alfredo Bryce Echenique.

-“La fiesta del Chivo”; Mario Vargas Llosa.

-“Una cuestión personal”; Kenzaburo Oé.

-“Vida feliz de un joven llamado Esteban”; Santiago Gamboa.

-“Fuegos con limón”; Fernando Aramburu.

-“Tokio blues”; Haruki Murakami.

-“Ruido de fondo”; Don DeLillo.

-“El loro de Flaubert”; Julian Barnes.

-“Niños en el tiempo”; Ian McEwan.

-“El americano tranquilo”; Graham Greene.

-“El cuento de la criada”; Margaret Atwood.

-“Bella del Señor”; Albert Cohen.

-“Zuckerman encadenado”; Philip Roth.

-“Lo bello y lo triste”; Yasunari Kawabata.

-“Desesperación” y “Risa en la oscuridad”; Vladimir Nabokov.

-“Nunca me abandones”; Kazuo Ishiguro.

-“La insoportable levedad del ser”; Milan Kundera.

-“Crimen y castigo”; Fiodor Dostoievski.


La lista es un poco larga... Me he pasado cuarenta pueblos. Pero en fin. Si tuviera que elegir sólo un título, sin duda, "Crimen y castigo".


Si tuviera que elegir..., qué sé yo, cinco: "Crimen y castigo"; "Chicos prodigiosos"; "Zuckerman encadenado"; "La fiesta del Chivo"; "París no se acaba nunca".

¿Otros cinco más?: "Fuegos con limón"; los dos de Nabokov; "La insoportable levedad del ser"; "Tokio blues"; "La conjura de los necios".


La lista es bastante larga. Pero no me sobra ninguno.

jueves, 23 de diciembre de 2010

"Los mejores del 2004"

Que no hostias, que no. Que no pretendo dármelas de original haciendo una lista de mis mejores lecturas de hace seis años cuando todo el mundo está haciendo una lista de sus mejores lecturas de este año...

Que no. Que entonces, hace seis años (y cinco y cuatro y tres y dos...) no hice ninguna lista. Pero sí la puedo hacer ahora (aunque del 2003 y más atrás ya no, ya no puedo...).

Así que no hay más que hablar. Allá va:

Mis mejores lecturas del año 2004 fueron:


-“El mundo según Garp”; John Irving.

-“La información”; Martin Amis.

-“Todas las almas” y “Negra espalda del tiempo”; Javier Marías.

-“El teatro de Sabbath”; Philip Roth.

-“Martin Bauman”; David Leavitt.

-“El periodista deportivo”; Richard Ford.

-“Si una noche de invierno un viajero”; Ítalo Calvino.

-“El libro de las ilusiones”; Paul Auster.

-“Matadero cinco”; Kurt Vonnegut.

-“Asfixia”; Chuck Palauhniuk.

-“Madame Bovary”; Gustave Flaubert.

-“El buda de los suburbios”; Hanif Kureishi.

-“Los restos del día”; Kazuo Ishiguro.

-“El hijo del acordeonista”; Bernardo Atxaga.

-“El mundo es un pañuelo” e “Intercambios”; David Lodge.

-“David Copperfield”; Charles Dickens.

-“Desgracia”; J. M. Coetzee.

martes, 14 de diciembre de 2010

“Propósito de enmienda”


Dentro de unos días va a hacer un año que empecé con el blog. No estoy satisfecho con los resultados. Quiero decir que no he escrito todo lo que me habría gustado, y que lo que he escrito..., podía haberlo hecho mejor. Sí estoy contento con, me voy a permitir utilizar una palabra que no creo que pueda servir para hablar de este blog mío..., si estoy contento digo, con la repercusión: once seguidores, bastantes visitas, pero más importante que las visitas, sé que se me ha leído.

La soledad en agosto iba a ser un blog de lecturas. De reseñas, y digo reseñas y no críticas, porque para mí una reseña no es lo mismo que una crítica. Una reseña es un comentario, una sipnosis del argumento, algo así. Mientras que una crítica es un análisis.

Pero me cuesta escribir reseñas. A veces, porque los libros son tan malos que mejor no decir nada de ellos. Otras veces, porque los libros son tan buenos que no me veo a la altura de escribir, aunque sea una simple reseña, de un libro de tanta calidad.

La mayoría de las veces también, he de confesar, no escribo por pereza.

Borges tiene un enunciado, en el prólogo de “Ficciones”:

Desvarío laborioso y empobrecedor el de componer vastos libros; el de explayar en quinientas páginas una idea cuya perfecta exposición oral cabe en pocos minutos. Mejor procedimiento es simular que esos libros ya existen y ofrecer un resumen, un comentario.

Me apropio de su idea. La altero. No hablaré de libros que no existen (hay que imaginarlos, eso también cuesta, da trabajo). Escribiré (no os lo creáis del todo) resúmenes de reseñas, reseñas de reseñas.

Hay algunos libros que me gustaría reseñar. Por ejemplo: “El sueño del celta”, de Vargas Llosa (gran decepción); “Sunset Park”, de Paul Auster (que bueno, así así, Auster, mejor que esta última novela que la anterior, “Invisible”, pero Auster ya no tiene magia, por decirlo de alguna manera. Auster ha dejado el tema del azar, aunque no lo ha olvidado del todo –en “Sunset Park” no faltan algunas..., hum, coincidencias-, y sus novelas ya no te llevan por caminos que no te esperan. Antes, leer un libro de Auster era empezar un viaje al que no sabías a dónde te iba a llevar, ni por qué estaciones te iba a hacer breves paradas. Ahora, desde las primeras páginas, el viaje está trazado en el mapa. Sin ninguna desviación imprevista.

También me gustaría hablar de “Black, black, black”, de Marta Sanz. Novela policíaca y al mismo tiempo no policíaca que me ha gustado mucho. Digo esto, que es y no es una novela policíaca porque, aunque hay crímenes, un misterio, una investigación, un culpable, en esta novela el estilo pesa más que la trama. Pero eso es lo que más me ha gustado: el estilo.

Y lo dejo por hoy. Estoy esperando una llamada de mi jefe que tiene que darme unas instrucciones. Pero no me llama. Así que un poco de suerte, pienso, me libro. Porque si no me llama, es que no me necesitan...

viernes, 10 de diciembre de 2010

martes, 7 de diciembre de 2010

domingo, 28 de noviembre de 2010

viernes, 5 de noviembre de 2010

"Nostalgia futura"



El año se me ha pasado, como suele decirse, volando. Dentro de un mes, cuando terminen mis vacaciones, miraré hacia delante y pensaré: todavía me queda un año por delante para volver, para disfrutar de nuevo de otras merecidas vacaciones. Qué largo. Y sin embargo, el año volará. Es así desde hace varios años ya, desde que cumplí los 25 o los 26.

Tres semanas en la montaña. Noches largas y mañanas para quedarse en la cama sin mirar el despertador. Tardes haciendo un poco de deporte. Alguna excursión a la civilización, también.

Muchos libros. Nada de internet. ¿Tele? Pues sí, tele sí habrá, pero no mucha.

Muchos libros. Lecturas que he reservado precisamente para estas semanas de silencio y tranquilidad: En-Nadar-dos-pájaros, de Flann O’Brien; Foe, de J.M. Coetzee; Una historia conmovedora, asombrosa y genial, de Dave Eggers; Job, de Joseph Roth; El bandido, de Robert Walser; y cómo no, la última de Vargas Llosa, El sueño del celta.

Todavía no me he ido y ya estoy pensando en la nostalgia de volver.

jueves, 28 de octubre de 2010

"Aitona, aitona"


Me gusta ir a recoger a mi sobrino de tres años al salir de la ikastola. También me gustaba mucho ir a buscar a mi otro sobrino, pero ya tiene once años, y no hace falta que vayamos ninguno a por él.

Normalmente, quien va a recoger a mi sobrino es mi padre. Su aitona. La semana pasada estaba dando una vuelta cuando miré el reloj y me dije que aún estaba a tiempo de llegar a la salida de la ikastola. Eran las cuatro y veinticinco y los niños salen a y media. Tuve que apresurar el paso. Antes de llegar a la ikastola hay una cuesta bastante pronunciada. La subí prácticamente corriendo porque ya eran y veintinueve o y treinta, no lo sé muy bien. Además, no podía fiarme de mi reloj pues lo tengo atrasado uno o dos minutos, así como también esta atrasado el reloj de mi trabajo.

Cuando llegué, sofocado por la cuesta, justo los niños estaban saliendo. Así pude ver, espiar, cómo salía mi sobrino feliz de encontrarse con mi padre, su aitona.

El lunes pasado conseguí llegar un poco antes de las cuatro y media. Mi padre había llegado antes. Me adelanté unos pasos, junto a los padres y madres, abuelos y tíos, y esperé a que salieran los niños. Mi padre se quedó atrás. Los niños empezaron a salir, yo miraba atentamente pero no vi a mi sobrino. Entonces, un pequeñajo me cogió del pantalón y, feliz, me dijo hola. Era mi sobrino, él me había visto a mí pero yo no a él.

Ayer quien tenía que ir a recoger a mi sobrino era mi hermana, su madre. Mi padre tenía que hacer unos recados. Yo estaba, como muchas tardes, dando una vuelta por ahí. Me entraron ganas de ir a la ikastola. Aceleré el paso pero esta vez no conseguí llegar a tiempo. Eran las cinco menos veinticinco pasadas cuando llegué, y aunque todavía quedaban muchísimos niños y padres y madres en el patio, ni mi hermana ni mi sobrino estaban allí. Así que pensé que, si me daba prisa, podría alcanzarles antes de que llegaran a casa.

Otra vez sofocado por la prisa, conseguí verles al poco de empezar a andar. Grité el nombre de mi hermana pero no me oyó. Los tenía a unos cincuenta metros. Volví a gritar pero mi hermana no me oyó hasta que los tuve a unos veinte metros. Al fin, llegué donde ellos. Mi sobrino estaba llorando porque su aitona no había ido a recogerle al salir de clase, y él quería que fuera él y no ninguna otra persona. Ni siquiera su madre. No estaba triste. Estaba enfadado. Continuamos, los tres, la vuelta a casa. Mi sobrino se durmió enseguida. Los niños, cuando cogen una casqueta, luego se suelen quedar dormidos.

Cuando se despertó se había olvidado de su enfado. Quería jugar a la consola.

Jugamos juntos.

miércoles, 27 de octubre de 2010

"Últimas lecturas"



Después de Juliet, desnuda me apetecía leer algo menos ligero. Estas han sido mis lecturas durante las últimas dos semanas:

Elizabeth Costello, de J. M. Coetzee.

Malone muere, de Samuel Beckett.

Juventud, de J. M. Coetzee.

El archipiélago del insomnio, de António Lobo Antunes.

A paso de cangrejo, de Günter Grass.

Y ahora estoy con La vida entera, de David Grossman. Cuando lo termine, seguramente leeré Media vida, de V. S. Naipaul.



jueves, 14 de octubre de 2010

“Los he tenido mejores” (Segunda parte de la reseña de Juliet, desnuda)


Ok.

La pareja de Duncan se llama Annie (cómo me iba a acordar de un nombre tan anodino). Y el músico misterioso, Tucker Crowe.

En Mentiroso compulsivo, Jim Carrey, después de echar un polvo con su jefa, cuando ésta le pregunta qué tal ha estado, él responde:

-Los he tenido mejores.

Y esto es lo que yo puedo decir sobre Juliet, desnuda: los he tenido mejores. No está mal, pero..., bueno. Más que bueno, diría: bue..., alargando la e. La novela de Hornby que más me ha gustado es Alta fidelidad, luego, tal vez, Cómo ser buenos. Y después, compartiendo el tercer puesto, Un gran chico y ésta última, Juliet, desnuda.

Siempre tratando de no desvelar nada importante de la trama (lo que conlleva el riesgo de cierta inexactitud; pero, sinceramente, prefiero pecar de inexacto antes que contar y desmenuzar una novela, fastidiándole así la lectura a un futuro lector), puedo decir que si en las primeras páginas, las que leí hace dos noches antes de escribir la primera parte de esta reseñan, que si en las primeras páginas, digo, la historia se centraba en Duncan, en el resto de la novela éste pasa a un segundo plano y toman el protagonismo, por un lado, el músico, Tucker Crowe, y por otro, Annie, la pareja de Duncan, y sin duda el mejor personaje, el más complejo y atractivo, de Juliet, desnuda. Sí, los he tenido mejores, pero Annie me ha gustado mucho.

lunes, 11 de octubre de 2010

"JULIET, DESNUDA" de Nick Hornby


Hace tres o cuatro días, al terminar de leer la última novela de Santiago Roncagliolo (Tan cerca de la vida), me dije que no se podía juzgar un libro si no se había leído entero. Y es que mientras leía la novela de Roncagliolo me decía una y otra vez que no me estaba gustando; estuve a punto de abandonarla. Sin embargo, al terminarla, viendo la novela en su totalidad, mi juicio cambió. No mucho, pero algo sí: la novela no estaba tan mal, después de todo.

Y dicho esto, aquí estoy. Escribiendo sobre un libro que todavía no he terminado de leer. Juliet, desnuda, de Nick Hornby.

He empezado a leer esta novela hace unas tres horas. Llevo pocas páginas. Y sólo he dejado su lectura por una razón perentoria:

Me han entrado unas ganas tremendas de escribir sobre ella. Aunque también, de escribir en/para internet.

¿Por qué?

Bien. Voy a hacer un pequeño resumen de lo leído. Espero no desvelar a nadie nada que no quiera saber (si tiene pensado leer la novela). Dicho sea todo, no creo que vaya a decir nada que, seguramente, no se diga en la contraportada (Mario Levrero, en La novela luminosa, se lamentaba de que en una novela policíaca que leyó, en el texto de la contraportada no sólo se contaba parte de la novela, sino, incluso, quién era el asesino, cuál era el final...).

Hay dos protagonistas. Duncan y su mujer (aunque no están casados, llevan viviendo quince años juntos, así que cómo llamar si no a su pareja). Huy, no me acuerdo del nombre de ella. Duncan y...

Da igual. No importa. Duncan tiene una pasión, una obsesión: la obra de un misterioso músico que dejó la vida pública y su profesión hace más de veinte años. Este músico(¡tampoco me acuerdo del nombre! Qué manera de leer es ésta...), grabó un álbum de estudio cuyo título es Juliet. Es un álbum compuesto por diez canciones inspiradas en su ruptura con una mujer casada llamada Julie.

En el mundo, es decir, en internet, hay otros como Duncan. Fans obsesionados por dicho músico y sus canciones. Se conocen por una página web. Duncan escribe en esa página (también ha escrito en otros medios sobre el músico de cuyo nombre no me acuerdo...). Tampoco me quiero acordar, claro; no tendría más que mirar el libro. Ni eso, me bastaría con meterme en google...

Total, que en veintipico de años no se ha sabido nada del músico éste. Y es entonces, después de unas semanas de vacaciones en USA visitando los lugares míticos en la vida y obra del cantante (unos wateres de un bareto en Minnesota, por ejemplo), cuando a Duncan le envían un CD con el último álbum del músico éste. Lo escucha, y se pone a escribir en la página web. Y en pocas horas tiene 163 comentarios.

Pero hay una cosa que no he dicho. Y es que su mujercita también ha escuchado el disco (no voy a decir cuándo; para eso hay que leerse la novela). Pero ella no opina lo mismo que Duncan. Y ella también escribe un artículo para la web.

Y eso es lo que ha hecho que me entraran ganas de escribir esta reseña, o recomendación, o lo que sea.

Y ahora, me voy a seguir leyendo.

viernes, 1 de octubre de 2010

LOS 22 DE GRANTA

Este mediodía, en el Círculo de Bellas Artes de Madrid, se han dado a conocer los 22 autores menores de 35 años en lengua española que la revista Granta ha seleccionado como los escritores más prometedores de nuestro idioma. Aviondepapel TV ha retransmitido la rueda de prensa en directo.

La lista es la siguiente:

Andrés Barba
Oliverio Coelho
Federico Falco
Pablo Gutiérrez
Rodrigo Hasbún
Sònia Hernández
Carlos Labbé
Javier Montes

Elvira Navarro
Matías Néspolo
Andrés Newman
Alberto Olmos
Pola Oloixarac
Antonio Ortuño
Patricio Pron

Lucía Puenzo
Andrés Ressia Colino
Santiago Rocangliolo
Samanta Schweblin
Andrés Felipe Solano
Carlos Yushimito del Valle
Alejandro Zambra

jueves, 30 de septiembre de 2010

"Todo esto sucedió, más o menos" (más sobre Vonnegut)

Minutos después de escribir la anterior entrada, he cogido mi ejemplar de Matadero cinco de la estantería y me he puesto a buscar las frases que en su día (en diciembre de 2004, así lo escribí a lápiz en la primera página) subrayé cuando lo leí.

Tengo subrayado todo el primer párrafo:

Todo esto sucedió, más o menos. De todas formas, los partes de guerra son bastante más fieles a la realidad. Es cierto que un individuo al que conocí fue fusilado, en Dresde, por haber cogido una tetera que no era suya. Igualmente cierto es que otro individuo, al que también conocí, había amenazado a sus enemigos personales con matarlos por medio de pistoleros alquilados. Y así sucesivamente. He cambiado los nombres de los personajes.

La primera frase me parece genial. Si la frase hubiera sido, simplemente, todo esto sucedió, no habría dejado de ser una frase totalmente vacía, un recurso (malo) para engatusar al lector.

Pero Vonnegut le añadió ese más o menos, y con esas tres palabras, la frase gana muchísimo. El autor está haciendo una concesión, está confesando (¡en la primera frase!) que no todo lo que va a contar ha sucedido realmente, pero mucho sí, y es eso lo que hace que el lector, desde esa primera frase, se tome el libro que va a leer como algo más que una ficción. Y luego remata el párrafo con he cambiado los nombres de los personajes.

También habría que destacar las frases que forman el centro del párrafo, y el tono, coloquial, de éste (que yo creo que le da más poder de persuasión, mucho más, opino, que si el tono hubiera sido formal, tipo informe o parte de guerra, o crónica periodística). Pero a mí, personalmente, me interesan esas dos frases –la primera y la última-, a pesar de la contundencia que tiene también, por ejemplo, la tercera frase, la de la tetera.

Ese primer párrafo promete mucho, despierta la curiosidad del lector. Y hay que decir que en muchas ocasiones el lector queda decepcionado: le han abierto expectativas (ya sea con un primer párrafo, con un primer capitulo, con una reseña, o con la recomendación de un lector amigo) pero éstas no se han cumplido.

Obviamente, me refiero a otras novelas, ninguna en concreto, pero no a Matadero cinco, porque Matadero cinco no decepcionará a nadie.

"Mire al pajarito" de Kurt Vonnegut



La editorial Sexto Piso acaba de editar en español Mire al pajarito, un libro que incluye catorce cuentos inéditos y una carta del escritor estadounidense Kurt Vonnegut. En un primer momento, cuando supe de esta recuperación, me dije que por qué no reeditaban la obra de Vonnegut en lugar de publicar unos cuentos que el escritor habría dejado por ahí perdidos.

Matadero cinco, la novela más conocida de Vonnegut, puede encontrarse fácilmente en cualquier librería (Compactos, Anagrama), y también su último libro, Un hombre sin patria; sin embargo, títulos mayores de su obra (junto a Matadero cinco) como Las sirenas de Titán, Cuna de gato o Madre noche hace tiempo que están agotadas (Las sirenas de Titán la reeditó hace poco en bolsillo Minotauro, pero la tirada ya está agotada y urge una nueva).

Bien. Ayer me compré el libro, Mire al pajarito. Sólo he leído dos cuentos (y la carta, fechada en febrero de 1951), pero ya me he dado cuenta de que la pregunta que me hice hace unos días no era correcta.

No.

La pregunta no es por qué no reeditan las mejores obras de Vonnegut en lugar de publicar unos cuantos cuentos inéditos.

No, no.

La pregunta, el deseo, es: por qué no reeditan las mejores obras de Vonnegut además de estos fabulosos cuentos que, sí, estaban inéditos.

Porque sí, he leído sólo dos cuentos. Pero estos dos cuentos me han gustado tanto que lo que uno sólo puede decir al respecto de su publicación, de su ¿rescate?, es:

Gracias.


En la foto, una modelo que se parece a la farmacéutica de mi barrio luce una camiseta inspirada en la obra de Vonnegut.

lunes, 13 de septiembre de 2010

“Otro cuento de Alberto Atroz”


No mucho tiempo después de la tarde en el cine con Carolina, Alberto Atroz pudo por fin tocar un coño (pero no nos adelantemos...).

Era un sábado por la tarde, y toda la pandilla de amigos habían quedado en la esquina de la calle Easo para ir a una discoteca de sesión de tarde. Alberto fue uno de los primeros en llegar. Saludó a Mikel y a Raúl. Al poco llegaron juntos Jon y Gorka. Entonces apareció Pablo...

Pablo y ¡una rubia despampanante!

-Pero qué coj...

-¿Quién es esa tía?

-Es su prima, la checoslovaca. Ha venido de vacaciones.

-¡Joder!

Era rubia, como ya hemos dicho, y muy alta pero no demasiado delgada, y llevaba un vestido de verano negro ajustadísimo que marcaba todas y cada una de sus maravillosas curvas.

Pablo presentó al pivón a sus amigos. Es mi prima, decía. El pivón, que se llamaba Katja o Kapta, no hablaba ni hostias de español.

Llegaron a la discoteca. Empezaron a bailar. Kapka o Katja no debía saber muy bien con quién estaba (o quizá sí, quizá lo supiera demasiado bien...), porque bailaba de una manera que sólo le faltaba ponerse en pelotas y tirarse en el suelo y abrirse de piernas para resultar más provocativa.

Cada uno de los amigos se acercaba a ella y le decía algo. Katja o Kaka se reía, sin entender ni jota. Luego apartaba la vista del amigo de su primo y volvía a lo suyo, es decir, a poner el culo en pompa y mover las caderas y el torso a un ritmo extrañamente repetitivo (uno-dos-uno-dos-uno-dos-dos-dos-dos...).

Cuando cerraron la discoteca, a las diez de la noche, fueron a la playa. Se sentaron en la arena, haciendo un círculo alrededor de Katia o Karla, y todos menos Pablo volvieron a la carga.

Intentaban hacerse entender: tú, decía Mikel señalando a la moza, y yo, se señalaba a sí mismo, nos vamos a... y se abrazaba a sí mismo y daba besos al aire.

No, no, negaba con la cabeza, aunque sonriendo, Karma o Kalta.

Le llegó el turno a Alberto. Alberto era muy guapo, os recuerdo. Hizo, más o menos, la misma pantomima idiota que habían hecho todos y cada uno de sus amigos.

Entonces, Karta o Kappa, sonrió, llevó su mano a la arena y con un dedo dibujó un grande OK rodeado por un círculo.

-¡Toma! Lo sabía –exclamó Alberto, y se levantó y cogió a Katja de la mano y se la llevó a una parte de la playa donde apenas había gente ni luz.

Alberto se puso las botas. Le estrujó las tetas, le chupó los pezones, le acarició las piernas, el culo, le metió el dedo en el coño... La dejó más babeada que a un sello.

Pero Katja se tenía que ir. Pablo había dicho que sus tíos le habían hecho prometer que volverían temprano a casa. Alberto volvió a coger la mano de Katia y la llevó de vuelta donde esperaban sus amigos.

Antes de que Pablo y su prima se fueran, Alberto agarró a la rubia y le metió la lengua hasta el estómago. Era su forma de decirle adiós.

Alberto miró a sus amigos. Sonreía de oreja a oreja.

-Bueno, ¿qué? –le preguntaron-, ¿te has enrollado con ella?

-¿Es que no habéis visto el morreo que le acabo de dar?

-Y qué, ¿has tocado algo?

-¡Que si he tocado! –Alberto estaba casi saltando- Joder, tíos, ha sido la hostia. Le he tocado las tetas, el culo, se las he chupado, las tetas, le he metido el dedo en el coño, le he...

-¡Anda ya! Fantasma.

-¿No os lo creéis?

-¡NO!

-Ah, ¿no? –Alberto tenía un as en la manga-. Pues a ver qué me decís de esto. Mirad, OLED.

Y siempre sonriendo, Alberto le puso su mano derecha delante de las narices a Mikel.

-¡Hostia tío! –exclamó Mikel, apartando la mano de Alberto con fuerza-. ¡Apesta!

Alberto se quedó confuso. Se llevó el dedo a la nariz...

-Huele..., huele a mierda –dijo.

-¡Joder Alberto! No le has metido el dedo en el coño, ¡se lo has metido en el culo!

Y Alberto sólo alcanzó a decir:

-Joder, tío, estaba oscuro... –y se quedó mirando su dedo corazón sin saber muy bien qué hacer con él.

-¿Cómo era que se llamaba? –preguntó Jon.

-Kaka –dijo Mikel.

jueves, 2 de septiembre de 2010

"Dientes blancos" de Zadie Smith



Necesito una buena primera frase para poder escribir una reseña (o cualquier otra cosa, ya sea un cuento, un cutrecuento o un recuerdo). Si la primera frase me gusta, las siguientes me salen solas. Normalmente no las pienso, las primeras frases; se me ocurren cuando estoy haciendo cualquier otra cosa (he repetido “cualquier otra cosa”, pero me da igual, esto no es un ejercicio de estilo), viendo la tele, dando un paseo, leyendo un libro. Entonces, si tengo una hoja y un boli o un lápiz a mano, la apunto. Si no tengo nada con que escribir, procuro memorizarla. Pienso que las mejores primeras frases que he escrito son éstas, las que he encontrado sin pensar. En cambio, si me siento delante del ordenador o de un folio en blanco, no me salen tan bien. Me esfuerzo y se nota, pero para mal. Escribo, esforzándome, primeras frases demasiado rebuscadas, demasiado... (hace unos segundos había encontrado una palabra genial pero se me ha olvidado; tengo que hacer tiempo para recordarla...), demasiado..., piensa, tío, piensa, qué palabra era..., tenía que ver con esfuerzo..., ¡hostia no me acuerdo! Empiezo a leer lo escrito desde el principio, a ver si así...

Dos minutos y la mente sigue en blanco...

...demasiado poco naturales, pero no era esto lo que se me había ocurrido...

...me voy a buscar el diccionario de sinónimos...

...he encontrado “enrevesadas”, y “embrolladas”, pero tampoco eran ninguna de estas dos la palabra que, creo, me había gustado tanto para definir una primera frase demasiado...

...pero me rindo, tendrán que valer, “poco naturales”, “enrevesadas” o “embrolladas”...

...me parece que la palabra que busco tenía una F, y empezaba por E, pero empiezo a pensar que, a lo mejor, esa palabra no existe...

A partir de aquí comienza la reseña de verdad:

Esta novela me ha sorprendido y eso que ya había leído antes una novela de Zadie Smith, concretamente “Sobre la belleza”, la que hasta ahora es –al menos ya traducidas al español- su tercera y última novela.

“Sobre la belleza” es un remake de “Regreso a Howard’s End”, la novela de E. M. Forster. Leí la novela de Zadie y meses después la de Forster y, sinceramente, creo que haber leído primero “Sobre la belleza” enriqueció mi lectura de “Regreso a Howard’s End”.

Me gustó tanto “Sobre la belleza” que me dije que tenía que leer más novelas de esta chica. Así que me compré la edición en bolsillo de “Dientes blancos”. Sin embargo, no ha sido hasta este verano (no sé si dos o tres años después) cuando por fin la he leído.

Y como digo, me ha sorprendido, porque a pesar de que “Sobre la belleza” era muy buena, creo que “Dientes blancos” es mejor.

Hay quienes acusan a Zadie Smith de escribir bajo el modelo de las novelas del siglo XIX, concretamente, dicen, de Jane Austen.

¡Paparruchas!

Claro que la estructura de las novelas de Zadie Smith son propias de la llamada novela tradicional, pero el estilo no. El estilo es totalmente propio del posmodernismo. Aúna tradición y, vale innovación u originalidad, no, pero sí frescura. Mucha frescura.

“Dientes blancos” es, como “Sobre la belleza”, una novela de familia/s. Tenemos, por un lado, a Archie y Clara (¡hostia, otra Clara!) que son marido y mujer y tienen una hija: Irie. Archie es blanco, inglés, y vejete, mientras que su mujer, Clara, es negra, joven, descendiente de jamaicanos (y testigos de Jehová, toma, toma, ¡toma!). Archie tiene un amigo, Samad, vejete como él, pero bengalí (bengalí, no pakistaní, y tampoco bangladeshí, y mucho menos indio). Archie y Samad se conocieron en la Segunda Guerra Mundial. Años después, en la década de los setenta, vuelven a retomar su amistad. Samad se casa (matrimonio concertado) con Alsana, también bengalí, también joven como Clara. Samad y Alsana tienen dos hijos, gemelos: Millat y Magid.

Con tanta disparidad de nacionalidades, razas, religiones (Archie es ateo, Samad musulmán), podría pensarse que el tema de la novela es la integración en la sociedad inglesa. Y sí, ese es uno de los temas de la novela, pero no EL TEMA de la novela. Porque el tema de la novela es el CONFLICTO GENERACIONAL, ya sabéis: los hijos crecen, llegan a eso tan jodido –y divertido- que es la adolescencia, y entonces, BUM, hijos contra padres, padres contra hijos, los propios padres contra ellos mismos...

A todo esto aparece en escena una nueva familia. Los Chalfen (y el chalfenismo). Los Chalfen son todo lo contrario que las familias de Archie y Samad. Son ingleses (aunque desciendan de polacos, pero de eso no se acuerdan), cultos, inteligentes, educados, comprometidos con el progreso social y tecnológico.

Los Chalfen serán, al mismo tiempo, refugio e inspiración para los hijos de Archie y Samad, pero también fuente de problemas.

Quedan en “Dientes blancos” otros personajes memorables, aparte de los ya expuestos. Está la madre de Clara, la señora Bowden, esperando que llegue el fin del mundo anunciado por los testigos de Jehová. Y Mangal Pande, un antepasado de Samad, héroe o simple idiota de la primera rebelión (1857) contra el colono inglés. También hay un par de lesbianas, encantadoras, y la señorita Poppy Burt-Jones, pelirrojísima y blanquísima, con la que se enrolla, más o menos, el moreno de Samad. Y todavía quedan personajes que no he mencionado, pero son muchos...

Todo esto y más es “Dientes blancos”.

Por último me gustaría hablar del final. No para contarlo, si no para decir que es un gran final. Digno de “La broma”, de Milan Kundera. Y hasta aquí puedo leer, como decía Mayra...

jueves, 12 de agosto de 2010

"Lamentaciones de un prepucio", de Shalon Auslander


Aunque suelo cagarme en Dios bastante a menudo, la verdad es que la idea que tenemos de este Señor Shalon Auslander y yo no puede ser más diferente. Mientras que Auslander se acuerda de Él cuando las cosas le van bien, y entonces piensa que ahora vendrá el cabrón a jodérselas, yo me acuerdo de Dios cuando las cosas me van mal y es entonces cuando Le pido que, oh, por favor, haga que las cosas me vayan bien. Y es que Auslander cree en Dios, y cree que es un capullo resentido, mientras que yo creo también en Él (el Dios de Auslander y el mío son el mismo, aunque Auslander sea judio y yo cristiano), pero creo que es un tipo lleno de amor, que nunca nunca me hará algo malo (siempre que se lo pida). Un Dios compasivo, generoso, el mío; un Dios, cruel, vengativo, el de Shalon Auslander.

Estas son las lamentaciones de un prepucio: la historia de Shalon, un judío de USA perteneciente a una familia muy-muy pero que muy ortodoxa, que se pasa por los cojones los mandamientos: deja de comer comida kosher, no respeta el Sabbat, mira pornografía, etc., y que, sin embargo, no lo hace porque crea que no va a pasarle nada por no cumplir con los mandamientos, no es que crea que todas esas reglas son unas estupideces, no se ha convertido en un ateo, no, no: Auslander se salta las normas aún sabiendo que puede pasarle algo, que Dios –sin duda- va a castigarle.

Y ahora que está a punto de tener su primer hijo (varón: sin duda una broma de Dios, porque si fuera niña no tendría ningún problema...) Shalon no sabe qué hacer: no sabe si circuncidar a su pequeño como Dios manda, o no hacerlo y esperar, entonces, que venga Dios y le castigue de la manera más cruel.