miércoles, 30 de marzo de 2011
"Últimas lecturas (febrero-marzo)"
viernes, 28 de enero de 2011
"LOS SINSABORES DEL VERDADERO POLICÍA"; Roberto Bolaño.
Mis críticas siempre son tremendamente subjetivas y por eso, precisamente, no las llamo críticas. A falta de un nombre mejor, digo que son reseñas. Cuando leo un libro lo único que me importa (o lo que más me importa) es que me guste a mí. Me da igual que sea o no un libro considerado una obra maestra por la crítica en general. Si me gusta bien, si no me gusta, pues bueno, seré yo el que no sepa apreciar la calidad de ese libro, pero no me voy a comer la cabeza pensando que qué mal lector soy si tal o cual obra me aburre muchísimo cuando todo el mundo dice que es la bomba.
Dicho todo esto para explicar que esto no es una crítica, pero tampoco una reseña de la última novela que han sacado de Bolaño. Sólo quiero decir algunas cosas que a mí me valen, quizás a otros lectores también:
“Los sinsabores del verdadero policía”:
Lo primero, ¿Es una novela?
Respuesta: sí. (Esto lo digo a raíz del artículo de Ignacio Echevarría en El Cultural del 21 de enero de 2011 en el que el conocido crítico se empeña, no sé porqué, en decir que no es una novela). Repito: sí es una novela.
Continúo: ¿Es una novela terminada?
Respuesta: no. Pero tampoco (me) importa.
¿Creo que "Los sinsabores del verdadero policía" es, en la medida en que puedo ser objetivo, una buena novela?
Es una muy buena novela en su conjunto. Pero irregular en sus partes. (Tiene cinco partes). Por separado, creo, sólo la quinta y última parte tendría ¿validez? sin tener que “interdepender” de las otras cuatro.
¿Me ha gustado?
Sí.
¿Me ha gustado más que “2666” o “Los detectives salvajes” o “Nocturno de Chile”, mis preferidas de Bolaño?
No.
¿Me ha gustado más que “El Tercer Reich”, la penúltima “aparición” de Bolaño?
Sí.
¿Me ha gustado más que otras novelas de Bolaño que sí publicó en vida, como “Monsieur Pain”, “La literatura nazi en América”, “Amuleto”, “La pista de hielo” o “Amberes”?
Respuesta: Sí.
Pregunta: ¿me han gustado todas las novelas de Bolaño?
Respuesta: no. Ni “Amberes” ni “La literatura nazi en América” me gustaron.
¿Recomendaría “Los sinsabores del verdadero policía”?
No. Pero es que tampoco recomendaría ninguna obra de Bolaño, porque creo que Bolaño es un autor muy especial, y no creo que pueda gustar a todo el mundo. La recomendaría pero dependiendo a qué persona.
Pregunta: ¿Se la recomendaría a alguien a quien ya haya leído otras novelas de Bolaño y le haya gustado?
Sí, pero con reservas.
Pregunta: ¿A quién se la recomendaría sin miedo?
Respuesta: sólo a los fans.
martes, 14 de diciembre de 2010
“Propósito de enmienda”
Dentro de unos días va a hacer un año que empecé con el blog. No estoy satisfecho con los resultados. Quiero decir que no he escrito todo lo que me habría gustado, y que lo que he escrito..., podía haberlo hecho mejor. Sí estoy contento con, me voy a permitir utilizar una palabra que no creo que pueda servir para hablar de este blog mío..., si estoy contento digo, con la repercusión: once seguidores, bastantes visitas, pero más importante que las visitas, sé que se me ha leído.
La soledad en agosto iba a ser un blog de lecturas. De reseñas, y digo reseñas y no críticas, porque para mí una reseña no es lo mismo que una crítica. Una reseña es un comentario, una sipnosis del argumento, algo así. Mientras que una crítica es un análisis.
Pero me cuesta escribir reseñas. A veces, porque los libros son tan malos que mejor no decir nada de ellos. Otras veces, porque los libros son tan buenos que no me veo a la altura de escribir, aunque sea una simple reseña, de un libro de tanta calidad.
La mayoría de las veces también, he de confesar, no escribo por pereza.
Borges tiene un enunciado, en el prólogo de “Ficciones”:
Desvarío laborioso y empobrecedor el de componer vastos libros; el de explayar en quinientas páginas una idea cuya perfecta exposición oral cabe en pocos minutos. Mejor procedimiento es simular que esos libros ya existen y ofrecer un resumen, un comentario.
Me apropio de su idea. La altero. No hablaré de libros que no existen (hay que imaginarlos, eso también cuesta, da trabajo). Escribiré (no os lo creáis del todo) resúmenes de reseñas, reseñas de reseñas.
Hay algunos libros que me gustaría reseñar. Por ejemplo: “El sueño del celta”, de Vargas Llosa (gran decepción); “Sunset Park”, de Paul Auster (que bueno, así así, Auster, mejor que esta última novela que la anterior, “Invisible”, pero Auster ya no tiene magia, por decirlo de alguna manera. Auster ha dejado el tema del azar, aunque no lo ha olvidado del todo –en “Sunset Park” no faltan algunas..., hum, coincidencias-, y sus novelas ya no te llevan por caminos que no te esperan. Antes, leer un libro de Auster era empezar un viaje al que no sabías a dónde te iba a llevar, ni por qué estaciones te iba a hacer breves paradas. Ahora, desde las primeras páginas, el viaje está trazado en el mapa. Sin ninguna desviación imprevista.
También me gustaría hablar de “Black, black, black”, de Marta Sanz. Novela policíaca y al mismo tiempo no policíaca que me ha gustado mucho. Digo esto, que es y no es una novela policíaca porque, aunque hay crímenes, un misterio, una investigación, un culpable, en esta novela el estilo pesa más que la trama. Pero eso es lo que más me ha gustado: el estilo.
Y lo dejo por hoy. Estoy esperando una llamada de mi jefe que tiene que darme unas instrucciones. Pero no me llama. Así que un poco de suerte, pienso, me libro. Porque si no me llama, es que no me necesitan...
jueves, 3 de junio de 2010
"Los monstruos de Templeton" de Lauren Groff

En alguna parte leí que Guillermo Schavelzon (agente literario) recomendaba a los escritores noveles que, a la hora de presentar sus obras a un agente o a una editorial, fueran capaces de resumir la novela que habían escrito en una sola frase. Creo que es un buen consejo, aunque yo lo utilizo de otra manera: si estoy escribiendo una novela, tengo que ser capaz de decir qué estoy escribiendo con una sola frase. Si necesito muchas frases, o párrafos, para explicarme a mí mismo de qué va mi novela, es que no tengo muy claro qué estoy escribiendo.
Sin embargo, hoy voy a utilizar ese consejo de Guillermo Schavelzon para intentar resumir una novela leída:
“Los monstruos de Templeton” parece una novela escrita por una crecidita (eso, sí) Lisa Simpson.
Nota no mental número uno: tengo que mejorar la frase, la idea es esa, sí, pero está muy mal construida. Una auténtica chapuza.
Nota no mental número dos: he escrito la nota mental uno como excusa para no tener que escribir (y mejorar) la frase con la que he intentado decir qué es “Los monstruos de Templeton”.
Nota no mental número tres: he escrito la nota mental número dos para que se sepa que soy consciente de lo cutre que me ha quedado la reseña de la novela de Lauren Groff.
Nota no mental número cuatro: es probable que alguien me acuse de haber pretendido (sin conseguirlo) ser ingenioso. Si esto pasara, negarlo tajantemente. Diré que lo que he pretendido ser es creativo.
Nota no mental número cinco: por ahora, no hay más notas no mentales.
martes, 4 de mayo de 2010
“Chuck Kinder y la novela que tardó 25 años en escribir”
Raymond Carver y Richard Ford eran amigos, es algo que (casi) todo el mundo conoce. Menos conocida es, al menos por estos lares, la amistad entre el autor de “Catedral” y el protagonista de esta entrada: Chuck Kinder, autor de “Lunas de miel”.
Mi descubrimiento de Chuck Kinder fue más o menos así:
Una tarde de hace dos o tres años, fui a la biblioteca en busca del libro de memorias de la primera esposa de Carver, Mary Ann Burk, titulado “Así fueron las cosas” y publicado por Circe. Lo encontré. Me puse a hojearlo y entonces leí que Circe también había publicado una novela escrita por un amigo suyo, un tal Chuck Kinder. Que dicha novela se titulaba “Lunas de miel”, y estaba protagonizada por dos escritores, trasuntos de Raymond Carver y el propio Kinder. En la misma biblioteca busqué la novela. La encontré. Me la llevé a casa.
Ya en casa “googleé” un poco y así me enteré de que a Kinder escribir esa novela le había costado veinticinco años de su vida. Que Michael Chabon había sido alumno de Kinder y que, parece, el autor de “Las asombrosas aventuras de Kavalier y Clay” se basó en Kinder para su personaje Grady Tripp, aquel profesor y escritor de “Chicos prodigiosos” que lleva un montón de años escribiendo una novela que no va a terminar nunca.
Leí “Lunas de miel”. Me encontré con una buena novela, aunque, vaya..., uno esperaba algo más grande teniendo en cuenta los 25 años de redacción... Descubrí a un Carver muy distinto del de sus relatos. Menos sobrio, y no, no es un chiste.
Para terminar, citar otras dos obras en las que aparece Raymond Carver como personaje literario: protagoniza un cuento (junto a Richard Ford) del último libro de relatos de Miguel Ángel Muñoz, “Quédate donde estás”. Y también aparece en el estupendo “El ángel literario”, de Eduardo Halfón, publicado por Anagrama.
viernes, 5 de marzo de 2010
“El dependiente”, de Bernard Malamud (una no-reseña)
Otra tarde de viernes. Hoy no llueve, pero para el lunes pronostican nieve. El lunes no me toca trabajar. Hace un rato he llegado del lugar donde trabajo: me tenían que explicar el funcionamiento de una PDA. He charlado un rato con mi jefe, un buen tipo. De vuelta en casa, he encendido el ordenador. He curioseado algunas páginas (El Lazarillo, que ya no es anónimo, lo dicen en un artículo de El Cultural; también la reseña de una novela, en el mismo El Cultural, de una joven –jovencísima- escritora bilbaína, Aixa de la Cruz. La reseña la hace Ricardo Senabre. Este crítico, muchas veces, copia frases del libro analizado para dar cuenta de que son frases que no están muy bien escritas –me temo que en este blog podría hacer un festín...-. Leo esas frases y casi nunca veo porqué están mal escritas, no me lo parece, algunas veces, sí, pero la mayoría, no).
Después de curiosear en la página web de El Cultural, abro mi blog, esto que tenéis ahora en vuestra pantalla. Me digo que tengo que actualizarlo. Escribir una nueva entrada. Una reseña estaría bien. Pero como los últimos libros que he leído no me han gustado mucho, y a mí lo que me gusta es hablar de lo que me ha gustado leer (¿son muchos gustar en una sola frase?), lo que hago es pasar la mirada por las estanterías de mi biblioteca y buscar un libro, un buen libro, del que hablar.
Me topo con El dependiente, de Bernard Malamud. El dependiente es lo único que he leído de Malamud (bueno, también leí una tarde, en la biblioteca de al lado de la catedral, un par de cuentos suyos; El barril mágico, era el título de uno, del otro no me acuerdo). Tengo, en esas mismas estanterías donde acabo de toparme con El dependiente, otro libro del mismo autor: El reparador, pero éste todavía no lo he leído. El reparador ganó el Pulitzer. Lo tengo que leer, lo haré pronto...
Dicen que Philip Roth se inspiró en Malamud para el personaje del escritor E.I. Lonoff, que aparece en su novela La visita al maestro (The Ghost Writer, es el título en inglés). Lonoff era un escritor que escribía y escribía, y rescribía y rescribía, y volvía rescribir, y luego corregía y corregía, y seguía corrigiendo..., hasta que ya no era posible que el texto fuera mejor (¿Malamud también? ¿Todos los escritores buenos escriben y rescriben y corrigen tanto?).
En otro libro de Roth, El oficio. Un escritor y sus colegas, el autor de Pastoral americana (premio Pulitzer como El reparador) hace un retrato espléndido de un ya viejo Malamud. De un Malamud que ya no era, lo que escribía, tan espléndido. Malamud le da a leer a un no viejo Roth lo último que ha escrito, y el no viejo pero tampoco joven Roth se ve en la tesitura de tener que decirle a su amigo que lo que ha escrito es una mierda (no recuerdo si lo hace, si se lo dice, o si sólo lo piensa; no tengo el libro a mano para consultarlo).
Malamud murió poco tiempo después, en 1986. El que ahora es viejo es Roth. A mí me gustaría que Roth viviera eternamente, al menos, que escribiera eternamente. Pero, bah, tampoco es tan viejo... Después de todo, mi padre sólo tiene tres años más que él. Mucha vida, muchos libros, por delante. Ojalá...
Mucho rollo.
Se supone que iba a hablar de la novela de Malamud. Difícil, porque la leí hace tiempo y no me acuerdo de mucho.
Me acuerdo de que me gustó muchísimo, eso sí. Y que la hija del tendero, Helena (he tenido que mirar el nombre en el libro), leía El Quijote.
Leo en la contraportada que “por las noches lee a Tolstoy y Dostoievski y aspira a estudiar literatura”. No me acordaba de que leyera a Lev y a Fiódor. Me acordaba, me acuerdo, de Cervantes.
Así que no tengo mucho que decir sobre El dependiente. Me la tendría que leer de nuevo. Pero en lugar de leérmela otra vez, lo que voy a hacer es escribir que esta entrada no es una reseña, si no una recomendación.
Y ya está.
O sea:
Recomiendo:
El dependiente, de Malamud.
Y ya de paso, también:
La visita al maestro, y Pastoral americana, y El oficio, y cualquier cosa que haya escrito Roth. (Ahí tengo La humillación, su última novela, esperándome).
Y por supuesto a:
Tolstoy, y a Dostoievski (Crimen y castigo es una de mis diez novelas favoritas).
Y a Cervantes.
Pero esto de recomendar a Cervantes y a Fiódor y a Tolstoy me parece que es un poco idiota que lo haga. Me parece que es ¿insultar? a quien se tome la molestia de leer esta no reseña de Malamud.
Pero bueno, ahí queda.
Y una última nota:
La editorial El Aleph tiene previsto reeditar otra novela de Malamud: Los inquilinos.
No me la pienso perder.
